11.4.11

La poética de la precisión

Estos días correrán ríos de tinta sobre el otorgamiento del premio Pritzker a Eduardo Souto de Moura. El arquitecto portugués recibe en 2011 un galardón que esta considerado el Nobel de la arquitectura y que premia según las reflexiones del jurado su trabajo continuado durante treinta años para producir una arquitectura contemporánea que responda a la tradición y al lugar.

Al hablar de la trayectoria de Souto de Moura es imposible no citar a Álvaro Siza. Siza el arquitecto portugués por excelencia y premio Pritzker en 1992, abrió las puertas de su estudio al aún estudiante de arquitectura Souto de Moura para fomentar una colaboración de más de cinco años hasta que al licenciarse este abrió su propia oficina en Oporto, la ciudad de ambos.

Es innegable que el premio también reconoce a la ciudad de Oporto y en concreto a su escuela de arquitectura, que mediante tres generaciones de grandes arquitectos, iniciada por Fernando Tavora, continuada por Álvaro Siza y en la que Souto de Moura representa la tercera, ha generado una arquitectura con un lenguaje propio.

La obra de Souto de Moura recuerda a su autor, un hombre corpulento, cuya presencia genera cierto magnetismo, pero que por el contrario se mueve y dibuja con una delicadeza extrema. Sus edificios amplifican este dialogo bipolar. Entre por ejemplo la brutalidad y la monumentalidad de su estadio de futbol en Braga, para dar respuesta a la cantera en la que se ubica, y la ligereza o fragilidad de la cubierta colgada que cubre las gradas del mismo, como si de una tela se tratase.
O entre la majestuosidad imponente del Monasterio de Santa María de Bouro que reformó manteniendo su carácter de ruina señorial y la respetuosa arquitectura contemporánea de refinados detalles que se oculta para establecer este difícil dialogo entre lo existente y lo nuevo.

También destaca por ejemplo el contrate entre la rotundidad geométrica y cromática buscada en uno de sus últimos edificios, la Casa das Historias Paula Rego y el bosque que el arquitecto eligió para instalar el museo de esta pintora portuguesa. El edificio se organiza mediante una serie de volúmenes prismáticos dispersos que van ocupando los espacios dejados por las copas de los árboles. Este punto de partida rotundo, incluso si se quiere simple, se va cargando de referencias y alusiones de la disciplina arquitectónica, construyendo de este modo un conjunto que nos habla desde la rotundidad de su presencia pero que se matiza con la lírica de su elaboración. Así es difícil abstraerse al lenguaje vernacular de las cocinas monacales lusas como las del Monasterio de Alcobaca o a los dibujos de Boullée al contemplar las pirámides truncadas que resuelven el acceso al edificio.


Souto de Moura elabora arquitectura, y el simple hecho de elaborar implica ir manipulando la arquitectura, trabajándola, ajustándola y este proceso, que en muchos casos suele generar una arquitectura que ha perdido valor y frescura, en su caso la eleva al máximo interés.

Del gusto por la precisión en los detalles, por la lógica constructiva e incluso por el propio proceso de diseño, han salido obras como la torre de oficinas Burgo Empreendimento. El arquitecto resume esta torre como un cúmulo de decisiones externas, la altura del edificio la marcaron los bomberos de Oporto, el núcleo central y la estructura la ingeniería inglesa contratada por el promotor y la anchura en planta salió del cálculo del esfuerzo horizontal máximo que podía soportar. Pero a pesar de estas decisiones impuestas la torre sigue manteniendo la primera imagen que Souto soñó, la de construir un apilamiento de palees de madera solidificados en acero y vidrio, y el refinamiento de esta piel sigue trasmitiendo al que la visita el gusto por la poesía de aquel que la ha diseñado.

Es esta sabiduría, la que da la naturalidad de las cosas, la que le ha permitido construir una gran cantidad de proyectos bajo la característica común de la calidad, una naturalidad que se maneja desde la obviedad y el rigor. En una reciente entrevista sentenciaba: "Para mi no existe la arquitectura ecológica o sostenible, para mi solamente existe la buena o mala arquitectura. Ser buena, lleva implícito el ser sostenible. No comparto que se aplauda un edificio porque sea sostenible, sería como aplaudirlo porque se mantiene en pie."


VAUMM _ iñigo garcía odiaga _ publicado en Zazpika 2011.04.11