software
JUAN LUIS MORAZA
17/09/2010
Todo lo que existe puede ser convertido y contemplado como herramienta. La función es imaginaria, no está en los objetos, sino en las reglas de acción que admitimos como evidencias de sentido: duros o blandos, materiales o inmateriales, corporales o sensoriales, afectivos o ideológicos, los instrumentos son normas de uso, programas de acción, voluntades de dominio. Pero además una herramienta está siempre entre el deseo de alguien que la creó y el ansia de quien la emplea. Por eso tras su dureza funcional se desvela la fragilidad y la humanidad de esos programas.
En la exposición titulada “software”, más de cuarenta esculturas se muestran como útiles de un catálogo contemporáneo de programas de acción que evocan la hipertrofia de una sensibilidad finalista que más allá de las ideologías, se hace fuerte en las sensologías, y que convierte el cuerpo en amasijo de funciones y órganos, las sensaciones en un campo de explotación, el goce en una industria, las emociones en un hechizo de afecciones y afectos, y la vida en una carrera, en una ciencia.
Pero las obras no se someten a su preocupación -sea estructural o temática-: en ellas importa su compromiso como arte; importa el diálogo con una larga tradición escultórica, con la complejidad de la belleza, con la persona a la que aspiran emocionar. Por eso, finalmente, no habrán sido piezas, sino atributos personales, sujetos encarnados



Galería Moisés Pérez de Albéniz