Las tragedias humanitarias como la de Haití provocan reacciones en todos los ámbitos, desde los económicos y sociales hasta los culturales y artísticos. Muchas obras artísticas o de arquitectura a lo largo de la historia han nacido desde la tragedia, bien para homenajear a las víctimas o bien para proponerles una salida.
La isla italiana de Sicilia, habitada desde hace siglos, es uno de los ámbitos geográficos más castigados por la naturaleza a lo largo de la historia. Terremotos, erupciones volcánicas y desprendimientos masivos han marcado la vida en esta isla.Durante la noche del 15 de enero de 1968, un gran terremoto asoló el pueblo de Gibelina, destruyendo la región, provocando cientos de fallecidos y dejando cerca de 100.000 personas sin hogar. Tras el suceso se puso en marcha un proyecto de reconstrucción de la zona, se buscó un asentamiento geológico más apropiado y se proyectó un nuevo asentamiento llamado Gibelina Nuova, lo que generó una oportunidad para hacer realidad las teorías urbanísticas de la época de mano de los más eminentes arquitectos italianos.
Una experiencia similar se había llevado a cabo siglos atrás en el sur de la isla tras la destrucción total de los pueblos de Noto y Ragusa en el terremoto de 1693, lo que permitió desarrollar desde cero la construcción de dos ciudades barrocas, según los estándares urbanísticos de la época. Esta actuación que resolvió en un corto periodo de tiempo los problemas de realojo de la población, ha permitido a día de hoy poder contar con los prácticamente únicos ejemplos de ciudades construidas en su totalidad bajo un urbanismo barroco, más allá de las soluciones imaginadas sobre el papel por los arquitectos de la época.
En una segunda fase, tras una tragedia de este tipo, aparece la necesidad de sellar la memoria y el daño que las familias han sufrido por la pérdida de todos sus recuerdos, una vez sus identidades han quedado sepultadas bajo los escombros y las ruinas. En el caso de Gibelina el artista Alberto Burri levantó una obra artística a medio camino entre la escultura, la intervención o el urbanismo mundialmente conocida como Il Cretto. Burri, decidió sepultar las manzanas que conformaron alguna vez la trama urbana del pueblo de Gibelina, bajo unos bloques de hormigón blanco que compactan los escombros de los antiguos edificios, dejando libres los trazados de lo que una vez fueron las calles, y generando un manto volumétrico que reconstruye la estructura del municipio visible desde la entrada del valle.
Todo Gibelina descansa bajo las cáscaras de hormigón, a modo de monumento fúnebre a los recuerdos de las generaciones que poblaron este asentamiento. Il Cretto devuelve mediante una interpretación artística, los recuerdos que perduran más allá de la catástrofe a los habitantes de Gibelina Nuova, que todavía hoy, con varias generaciones nacidas en el nuevo pueblo construido por los urbanistas del racionalismo italiano, se rebelan contra un asentamiento sin raíces.
En la actualidad y en casos como el de Haití, tal vez por las facilidades derivadas de las nuevas tecnologías, se busca una respuesta inmediata a los afectados; en cualquier caso ya habrá tiempo para homenajes y monumentos. Tras el terremoto de Kobe, Japón en 1995 el arquitecto Shigeru Ban, un arquitecto de prestigio internacional, sorprendió al mundo con su proyecto de “casa de cartón”. Una creación realizada para dotar de una casa temporal, de 16 metros cuadrados, a los damnificados por la catástrofe natural.
Estas casas podían ser construidas fácilmente, dada la escasa tecnología empleada para su elaboración, su bajo coste y su mínimo peso que no requería la intervención de maquinaría pesada, difícil de conseguir en una situación como la que se supone tras un desastre de esas características. Como cimientos se utilizaron cajas de cerveza donadas por una empresa cervecera, llenas de arena. Las paredes se hicieron con tubos de cartón barnizados para protegerlos de la lluvia y la cubierta plástica era abatible y podía separarse del cielo raso en verano para permitir la ventilación y volver a cerrarse en invierno para conservar el calor interior de la casa.
Como beneficio adicional los materiales empleados eran totalmente reciclables lo que facilitaba su puesta en desuso al no producir una masiva cantidad de residuos que hubiese generado un nuevo problema.
En el caso de Haití, varios profesionales ya se han unido para dar respuestas a las necesidades de alojamiento temporal puntuales y también a las de reconstrucción a largo plazo, con un enfoque de desarrollo sostenible. El propio Shigeru Ban está ya montando tres hospitales basados en las técnicas constructivas de sus tubos de cartón y Elena Acefalo, diseñadora de “El Cubo” ha puesto su diseño en manos de organizaciones no gubernamentales para su utilización. El Cubo fue diseñado para proporcionar refugio después del terremoto de la ciudad de L´Aquila, en Italia durante el 2009.
Los refugios modulares están diseñados para trabajar primero como vivienda temporal y luego ser transformados con bajo coste en escuelas, tiendas o edificios gubernamentales. La sencillez constructiva y rapidez de montaje, unida a su alta resistencia convierte a estas propuestas en elementos ideales para procurar respuestas rápidas y útiles en estas ocasiones; revelando una vez más que el ingenio es el arma más poderosa del ser humano para enfrentarse a los problemas.
Tal vez las grandes ideas sean el mejor donativo que se le puede otorgar a Haití y a su población.
VAUMM _ iñigo garcía odiaga publicado en MUGALARI 10.02.05